Maratón 2003

REIVINDICAN UNA SOLUCIÓN AL CONFLICTO
El III Maratón del Sáhara reúne a 321 corredores de 17 nacionalidades

  

SMARA.- Atraídos por la posibilidad de dejar su huella en el desierto, 321 corredores de 17 países han participado en el III Maratón del Sáhara, una dura prueba solidaria cuya meta es mantener la esperanza de un pueblo que lleva 27 años esperando poder volver a su tierra.

A las seis de la mañana, el centro de Smara -una de las cuatro wilayas o provincias en que se dividen los campos de refugiados saharauis- es un hervidero de sombras. Con muchas horas de viaje a sus espaldas, decenas de deportistas se dirigen a los destartalados autobuses que los trasladarán a la línea de salida, situada en el Aaiun.

Correr por una esperanza

La mayoría ha venido para para probar la experiencia de correr por el desierto. Pero también quieren llamar la atención sobre las penosas condiciones que soportan los 243.000 refugiados que esperan la celebración del referéndum de autodeterminación que Marruecos ha ido retrasando desde 1991. El próximo día 30, Naciones Unidas volverá a pronunciarse sobre el futuro de la antigua colonia española.

En la salida, los gritos del tradicional zagharit que entonen las mujeres dan la bienvenida a los participantes internacionales. A su lado, atletas locales que calzan botas de fútbol, chancletas o simplemente van descalzos calientan ansiosos por correr en defensa de sus derechos.

Cuando suena la señal, los maratonianos inician su travesía por la inhóspita hamada argelina. El público corea consignas del Frente Polisario: "Por las armas y la lucha, defenderemos el Sáhara". A los pocos minutos hace su aparición el Siroco y una niebla de arena invade el recorrido. Los participantes intentan defenderse con gorras, gafas y pañuelos. Es inútil.

Una hora después, los primeros atletas llegan a Auserd. Allí son recibidos por un público entusiasta. Cientos de colegiales uniformados por el polvo alzan sus voces sobre el viento y gritan enfervorizados ¡Viva la Maratón!, al tiempo que agitan banderitas saharauis de papel.

¿Tú de dónde eres? ¿De Cataluña, de Valencia, de Andalucía?, espetan a los periodistas. Son parte de los 11.000 niños que cada año pasan sus vacaciones estivales en España, dentro del programa 'Vacaciones en paz'.

Mordiendo el polvo

Los corredores saludan a los pequeños y se pierden en la calima. Al llegar a la primera zona de dunas, se observan los primeros estragos de la climatología. Atletas a pie intentan llegar hasta el control de avituallamiento, situado bajo un árbol solitario que se dibuja desafiante en el paisaje desnudo. En medio de la nube de polvo no hay referencias.

Tres horas y ocho minutos más tarde, el burgalés Jorge Aubeso cruza la línea de meta. Administrativo de profesión, afirma que "mientras corría, pensaba en las condiciones que soportan los saharauis, en lo duro que tiene que ser". Hasta las cinco de la tarde, siguen entrando corredores desfondados. Todos coinciden en su veredicto: "es una experiencia única, pero no hay quien pueda vivir en este lugar".